miércoles, 30 de septiembre de 2009

ODA DE AMOR AL PERRO


a Natalia

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...Tengo una mandíbula de presa, podría triturar una tibia hasta los tuétanos. Miro a los ojos, que no me toquen los cojones. Pero me someto a mi ama, por voluntad propia. Ni siquiera elijo yo, me eligieron. De bebé era la gracia de la casa y ahora: molesto en vacaciones. Me alegro cuando regresan y temo...cuando me suben a un maletero. En mi recuerdo está la autovía con lluvia, el ruido de los coches, la pregunta de en qué fallé...la tremenda soledad de un perro, quizá sea la nostalgia del lobo que se apartó de la manada, nuevos amos, la soledad del coyote. Las antigüas filosofías imitaron o elogiaron la nobleza del perro, la secta de Diógenes y los eunucos que llegaron a ser sultanes, sin la leche de una loba, Roma, no hubiera abrasado Cartago ni echado sal en sus huertos, Escipión; no habría ardido Alejandría, César, quizá se hubiese salvado, la llorada sala, de Historia Egipcia, reescrita desde pequeñas pavesas, por el monje Manetón . O los utilizaron como arma, quizá el imperio azteca no se hubiera derrumbado sin los mastines de Cortés ni cientos de soldados hubieran volado por los aires por pisar una mina enterrada, por la muerte de su perro, lloró Lord Byron, el poeta que mataron los médicos cuando, muy débil, le aplicaron sangrías...una perra llegó a la luna, primero. Los tusculanos, según Cicerón, se hacían devorar después de muertos por sus perros y tenían en ello, un grandísimo honor, en cambio, para los coránicos, el perro, es un animal impuro, los persas usaron gatos feroces, para la defensa de sus harenes y palacios y se dice que, en Mexico y en China, suposo un exquisito bocado en tiempo de hambrunas.
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el Beni, Las Batallas, a 1 de Octubre de 2009

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